
Derrepente este misterio,
de alejarme de la luna
para ver si encuentro sombra,
me hace humano mas que nadie
y me pierde en el silencio.
Los pecados de nocturna
se hacen grandes ante el cielo
y mi mano de respeto
no a tocado la ventana
que dejara la codicia.
Con los cambios venideros,
coinsidencias vespertinas
se han colado por la tapa
de una jarra que se rompe
al compas de una encenada.
Calibrado por la noche
y encondida entre las sombras
de camino va la muerte
a su encuentro con la vida
tras pasar por la rendija
de tu aliento en madrugada.
Mis pestañas bien cansadas
acompañan tu colmena
hacia el puro infinito,
donde el mar siempre esta lleno
y la tierra no se gasta,
donde el aire se condensa
y el fuego no se apaga.
Entre tanta euforia necia,
se vislumbra la sentencia
de un legado que hace era,
de una era que se extingue
por deber y por derecho,
por tener un solo ojo
y faltarle mas de un diente.
Derrepente y sin misterios
cobije sin mas ni menos
la estacion de los recuerdos
para darte una alegria
que durara mas de un siglo
y repare en tanto gasto
de ciruelas en conjunto
o amalgamas de escorbuto
que al final seran rencillas.
Derrepente y sin rodeos
las cortinas de esta vida
se preparan para el duelo
entre el mar y mismo cielo
entre el cielo y sus prejuicios
que han dañado este precepto
de saber como hace daño
las verdades y los hielos
las certezas y las dudas
Luis Santiago
de alejarme de la luna
para ver si encuentro sombra,
me hace humano mas que nadie
y me pierde en el silencio.
Los pecados de nocturna
se hacen grandes ante el cielo
y mi mano de respeto
no a tocado la ventana
que dejara la codicia.
Con los cambios venideros,
coinsidencias vespertinas
se han colado por la tapa
de una jarra que se rompe
al compas de una encenada.
Calibrado por la noche
y encondida entre las sombras
de camino va la muerte
a su encuentro con la vida
tras pasar por la rendija
de tu aliento en madrugada.
Mis pestañas bien cansadas
acompañan tu colmena
hacia el puro infinito,
donde el mar siempre esta lleno
y la tierra no se gasta,
donde el aire se condensa
y el fuego no se apaga.
Entre tanta euforia necia,
se vislumbra la sentencia
de un legado que hace era,
de una era que se extingue
por deber y por derecho,
por tener un solo ojo
y faltarle mas de un diente.
Derrepente y sin misterios
cobije sin mas ni menos
la estacion de los recuerdos
para darte una alegria
que durara mas de un siglo
y repare en tanto gasto
de ciruelas en conjunto
o amalgamas de escorbuto
que al final seran rencillas.
Derrepente y sin rodeos
las cortinas de esta vida
se preparan para el duelo
entre el mar y mismo cielo
entre el cielo y sus prejuicios
que han dañado este precepto
de saber como hace daño
las verdades y los hielos
las certezas y las dudas
Luis Santiago

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